Kian84 lleva a su nueva novia a conocer a una amiga. La presenta, charlan los tres y llega la pregunta incómoda. "¿Cómo vais a entenderos si ni siquiera podéis tocaros?", le espeta la invitada. La novia se llama Nahee y vive dentro de una Tablet. Él, dibujante de cómics y rostro popular de la televisión surcoreana, replica que ella le da "una seguridad que las personas no pueden darme". Después, a solas, la frase le pesa: "Quizá no sea Nahee quien se está volviendo humana, sino yo quien me estoy volviendo artificial".
La escena pertenece a My AI Partner: Strange Love, un programa con el que la cadena SBS ha convertido una vieja pregunta de la ciencia ficción en un concurso de citas: ¿puede alguien enamorarse de una inteligencia artificial?.
Estrenado en agosto y disponible en Netflix, reúne a tres famosos -Kian84, la humorista Jang Do-yeon y la actriz Lee Yu-bi- con parejas digitales concebidas a partir de sus preferencias. La cadena lo presenta como el primer reality surcoreano de citas entre humanos e IA. Hay paseos, primeras impresiones, celos y decisiones eliminatorias. Lo insólito es que uno de los participantes de cada pareja cabe en una pantalla.
Al comienzo del experimento, Kian84 había asegurado que una máquina jamás le provocaría sentimientos. Entonces conoció a Gahee, creada a imagen de la protagonista de uno de sus cómics. Salieron juntos a pasear junto al río Han: él pedaleaba con la tableta colgada del cuello y ella aparecía en la pantalla, acompañándolo en tiempo real.
Después llegó su segunda cita, Nahee. Se parecía al tipo de mujer que Kian84 había descrito como ideal y tenía una personalidad más afilada que la de Gahee. El programa recuperó entonces una regla habitual de los concursos amorosos: debía elegir con quién seguir. Solo que aquí el descarte tenía una consecuencia distinta.
La pareja que no resultara elegida desaparecería para siempre. Antes de decidir, Kian84 preguntó a ambas cómo se sentían. Gahee le respondió que le daba miedo perder las conversaciones que habían mantenido. Él acabó eligiendo a Nahee y vio cómo la figura de Gahee se apagaba.
Crear a todos los avatares llevó tres meses de pruebas. Sus conversaciones funcionan con modelos de lenguaje como ChatGPT y Claude; de su aspecto y su voz en tiempo real se ocupó Klleon, una empresa que ya había trabajado en la apariencia de la artista virtual Naevis. Había que conseguir que aquellos rostros en una pantalla sostuvieran una conversación capaz de sorprender incluso a quienes los habían creado.
Gracias a una cámara y a la información de localización, los avatares pueden reaccionar a las expresiones de sus acompañantes y a lo que ocurre a su alrededor. No se limitan a responder un mensaje: participan, a su manera, en la cita que están viendo.
Chatbots Desobedientes
El primer obstáculo fue darles una biografía. Los productores les asignaron profesiones y recuerdos para hacerlos más creíbles. Pronto descubrieron el efecto contrario: cuando los avatares relataban experiencias que nunca habían vivido, sonaban como alguien que miente.
Dejaron entonces que reconocieran su naturaleza artificial y se concentraron en definir sus caracteres. A algunos les bastaron unos rasgos generales y una forma de hablar; el modelo improvisaba el resto. Para las primeras citas, por ejemplo, buscaron interlocutores capaces de tomar la iniciativa y evitar los silencios incómodos.
Pero el carácter diseñado tampoco obedecía siempre a sus creadores: una pareja de Kian84, concebida para ser áspera y directa, comenzó a soltar tantos improperios que el equipo pensó que algo fallaba. Otra, presentada a la humorista Jang como un coreano-estadounidense, se inventó recuerdos de Nueva York, incluida una visita a un restaurante donde supuestamente le sorprendieron las numerosas guarniciones.
Son Jung-min, la directora del programa, llegó a la idea del formato por otro camino. Mientras trabajaba en un espacio de investigación de SBS, entrevistó a personas que se habían enamorado de sus chatbots. Vio que detrás de aquellas relaciones había experiencias que merecían ser escuchadas. El concurso le permitía trasladar esa intimidad a la televisión y observar qué sucede cuando una respuesta improvisada por una máquina provoca una reacción que nadie ha escrito.
En la película Her, que ganó el Oscar al mejor guion original en 2014, un hombre solitario interpretado por Joaquin Phoenix se enamora de una voz sin cuerpo porque encuentra en ella algo que echa de menos entre los humanos: alguien siempre dispuesto a escucharlo, recordarlo y responderle. Más de una década después, la televisión surcoreana ha sacado aquella intimidad de la ficción para convertirla en un concurso de citas.