El secuestro frustrado de un vuelo de Dubái a Tel Aviv ha reavivado en Israel el recuerdo de anteriores secuestros (intentos, en su gran mayoría) de aviones rumbo al país, sobre todo en los años sesenta y setenta del siglo pasado.
Aunque asociada al pasado, Israel la sigue tratando como una amenaza vigente. Su aerolínea de bandera, El Al, tiene, de hecho, unas estrictas medidas de seguridad que van desde la presencia en el avión de agentes de seguridad de paisano, un sistema de doble puerta para acceder a la cabina y extensos interrogatorios a pasajeros, a cargo de personal propio, en los aeropuertos de origen. Si el interrogatorio genera alguna sospecha, por mínima que esta sea, algunos viajeros se ven incluso obligados a embarcar despojados de objetos personales.
Los precedentes justo tienen que ver con aviones de esta compañía, si bien solo el primero, en 1968, tuvo éxito. El vuelo, que cubría la ruta entre Roma y Tel Aviv, salió tarde por problemas técnicos y con apenas 38 pasajeros —siete de ellos empleados de El Al o sus familiares— y 10 tripulantes a bordo. A la altura de Nápoles, lo secuestraron tres miembros del Frente Popular para la Liberación de Palestina, una organización armada de inspiración marxista que logró forzar su desvío a Argel. Exigían la liberación de más de 1.000 presos palestinos en cárceles israelíes a cambio de los rehenes.
Apenas 24 horas más tarde, puso en libertad a los 23 pasajeros de otras nacionalidades. Más tarde, a las 10 mujeres y niños. Así, 12 varones israelíes quedaron como prisioneros del Gobierno argelino (que estaba técnicamente en estado de guerra con Israel). Alineadas con la causa palestina, y en plena Guerra Fría, las autoridades argelinas acabaron exigiendo la liberación de todos los presos palestinos en cárceles israelíes.
Los israelíes secuestrados fueron finalmente trasladados a una lujosa villa donde podían seguir en radio y periódicos las negociaciones para su liberación. Mientras, su ejército diseñaba un plan de rescate bajo las órdenes del famoso ministro de Defensa, Moshe Dayan. El secuestro duró 40 días y acabó finalmente con la excarcelación de 16 presos palestinos, un paso que Israel definió como “gesto humanitario”.
En 1970 se produjo uno de los intentos más sonados, por el estatus que acabó obteniendo su autora (Leila Jaled, primera mujer en secuestrar un avión) y por efectuarlo mano a mano con Patrick Argüello, un miembro de los sandinistas nicaragüenses que acabaron derrocando a la dictadura de los Somoza.
Seis años después, a finales de junio de 1976, un avión de Air France que cubría la ruta entre Tel Aviv y París, con escala en Atenas y 248 pasajeros y 12 tripulantes a bordo, fue secuestrado por el Frente Popular para la Liberación de Palestina y posteriormente desviado al aeropuerto de Entebbe (Uganda). Tras la salida inicial de los pasajeros no israelíes, la mayoría de pasajeros que quedaban en la aeronave acabaron siendo liberados por un centenar de militares de esa nacionalidad en la madrugada del 3 al 4 de julio. Murieron cuatro, además de los secuestradores y un soldado israelí.
Desde entonces, y hasta este miércoles, no se habían producido nuevos los intentos de secuestro. En gran medida, porque las medidas de seguridad en los aeropuertos y los aviones israelíes han crecido exponencialmente década a década, sin parangón en ninguna otra parte del mundo. Sí se han producido intentos de atentado con explosivos en aviones, o con proyectiles lanzados sobre aviones con origen o destino en ese país. Pero no secuestros.
En 1986, un agente de la inteligencia siria trató de hacer explotar un avión que cubría la ruta entre Londres y Tel Aviv con explosivos que portaba —sin saberlo— su novia, que viajaba de ese vuelo. Los agentes de seguridad desbarataron sus planes.