El Laos Que Nunca Pisó Roldán: Espías y Mentiras en el País Comunista Que Protagonizó la Gran Farsa de la Democracia Española

El Laos Que Nunca Pisó Roldán: Espías y Mentiras en el País Comunista Que Protagonizó la Gran Farsa de la Democracia Española
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En la avenida más monumental de Vientián se levanta un arco del triunfo que podría haber sido importado de París si no fuera por sus torres budistas. A sus pies circula un tráfico sin demasiadas reglas: motos en las que cuatro personas se aprietan sobre el mismo asiento, todoterrenos eléctricos chinos y los últimos tuk-tuk que sobreviven a la modernización de esta tranquila capital asiática.

En las calles todavía quedan edificios coloniales franceses y muchas banderas rojas con la hoz y el martillo. Hay, sin embargo, un episodio de la historia de España que difícilmente encontrarán los turistas que recorren esta ciudad a orillas del Mekong: aquí, hace 31 años, capturaron al fugitivo más buscado de nuestro país. Sólo había un pequeño problema: Luis Roldán nunca estuvo en Laos.

Uno de los países más herméticos del Sudeste Asiático había sido elegido como escenario de una farsa que EL MUNDO contribuyó a desenmascarar. Lo que nunca quedó completamente resuelto fue la geografía del engaño: Roldán sostuvo que había permanecido dos semanas en territorio laosiano, mientras que las autoridades de este país negaron que hubiera entrado al territorio.

Todo comenzó en abril de 1994, cuando el antiguo director de la Guardia Civil desapareció después de que se descubriera que había acumulado una fortuna mediante comisiones ilegales y el desvío de fondos públicos. Pocos días después, los periodistas de EL MUNDO Antonio Rubio y Manuel Cerdán localizaron al prófugo en París y publicaron una entrevista que sacudió al Gobierno de Felipe González.

En febrero de 1995, en España se anunció la captura de Roldán. El ministro Juan Alberto Belloch presentó unos documentos supuestamente expedidos por las autoridades de Laos que justificaban su entrega. Según aquella versión, el fugitivo había sido localizado en el país comunista y trasladado desde allí a Tailandia. Los papeles incluían una condición particularmente conveniente para Roldán: sólo podría ser juzgado por malversación y cohecho.

Pero las costuras del montaje comenzaron a saltar. Este periódico, a través de las investigaciones de Rubio y Cerdán, contribuyó a desvelar que la espectacular captura escondía una entrega negociada y que los documentos eran falsos. Los periodistas reconstruyeron posteriormente cómo el empresario Francisco Paesa, colaborador de los servicios secretos españoles, había participado en aquella operación, por la que cobró unos 300 millones de pesetas procedentes de los fondos reservados.

También apareció otro personaje: el misterioso capitán Tang Khan, supuesto funcionario laosiano encargado de custodiar al fugitivo. Nadie consiguió acreditar oficialmente su existencia.

La farsa terminó de desmoronarse en Vientián. Las autoridades laosianas negaron haber detenido o extraditado a Roldán. El 6 de marzo, el embajador español en Bangkok, Carlos Spottorno, visitó tres ministerios laosianos buscando explicaciones. Recibió un desmentido. Los documentos presentaban membretes incorrectos, una firma ministerial que no se correspondía con la auténtica y un sello colocado donde nunca debía aparecer.

Según fuentes diplomáticas citadas entonces, Paesa y el CESID intentaron, por vías distintas, que Vientián reconociera los papeles. No lo consiguieron. Roldán aseguró inicialmente ante la Justicia que había permanecido dos semanas en Laos, pero años después acabaría reconociendo públicamente que nunca estuvo allí.

Aquella operación introdujo a Laos en las portadas de la prensa española. Por entonces, Vientián era una capital de calles sin asfaltar, edificios bajos y escasa iluminación nocturna. Hoy, entre sus templos dorados aparecen hoteles modernos y cafeterías donde todavía sobrevive la herencia francesa. Al atardecer, el paseo junto al río se llena de vendedores y turistas. Al otro lado del agua está Tailandia, uno de los principales destinos de los trabajadores laosianos que emigran buscando mejores salarios.

En un pequeño puesto de electrónica cerca del Mekong, Noy, una vendedora de 46 años, resume la economía del país mirando más a su cesta de la compra que a las estadísticas oficiales. "Todo cuesta más. El arroz, la carne, la gasolina... Puedes trabajar más horas, pero al final del mes tienes menos dinero", asegura. En su familia, como en tantas otras, Tailandia aparece como la salida. "Los jóvenes quieren marcharse. Allí pueden ganar mucho más. Mi sobrino se fue a trabajar a Bangkok y manda dinero a sus padres". Es una realidad extendida: las remesas se han convertido en un importante colchón para numerosos hogares.

A unas calles de allí, el veinteañero Kham, que trabaja en una empresa de logística, ofrece una mirada distinta sobre la transformación de su país. "Cuando era pequeño había muchas menos cosas. Ahora tenemos mejores carreteras, el tren, más turistas y más negocios", cuenta. En este país de unos siete millones y medio de habitantes, el campo sigue proporcionando sustento a numerosas familias, mientras que la depreciación de la moneda y el encarecimiento de la vida han empujado a trabajadores a emigrar.

Esta antigua colonia francesa alcanzó su independencia en 1953, pero apenas tuvo tiempo de disfrutar de la estabilidad. La guerra de Vietnam se extendió por su territorio y alimentó un conflicto interno entre comunistas, monárquicos y guerrillas locales. Estados Unidos bombardeó Laos para destruir las rutas de abastecimiento norvietnamitas. En 1975, el movimiento revolucionario Pathet Lao se hizo con el poder. Miles de antiguos funcionarios y militares fueron enviados a campos de reeducación. Desde entonces gobierna el Partido Popular Revolucionario Lao.

A finales de la década de 1980, el país comenzó a abrirse y a introducir reformas de mercado. La apertura económica, sin embargo, no estuvo acompañada de pluralismo político. Las organizaciones de derechos humanos destacan que Laos continúa siendo un régimen autoritario que no permite una oposición organizada ni medios independientes. Y su futuro ahora está conectado a su gran acreedor: China.

"La gente sabe que China trae dinero y trabajo. El tren es bueno porque ahora puedes llegar al norte muy rápido. Pero también escuchamos que debemos mucho dinero a China". El gigante asiático ha financiado carreteras, presas hidroeléctricas e infraestructuras estratégicas. Su proyecto más emblemático es el ferrocarril de 414 kilómetros que conecta Vientián con la frontera china, inaugurado en 2021. Una obra valorada en unos 5.900 millones de dólares que ha transformado los desplazamientos y el comercio, pero que también refleja la dependencia económica del país.

Tres décadas después del episodio que puso a Laos en el mapa de los grandes escándalos españoles, el país sigue transformándose. La antigua capital comunista que prestó involuntariamente su nombre a una operación de espionaje se ha convertido en una pieza de la creciente influencia china en la región. En 1995, la conexión española con Laos se construyó sobre una ficción diplomática. Hoy, las conexiones ferroviarias, financieras y militares que Pekín está levantando son bastante más reales.